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| Joaquín, Cesar, Fernando, Javi, Portu, Julio, Vazquez, Emilio y Pepe. |
Esta tarde los ruteros cambiamos la dirección de las pedaladas. Los últimos días hemos hecho y rehecho las ruta corta prevista para nuestra ruta oficial. Es cierto que necesitabamos un cambio. Emilio propone la subida por La Lapa y el presi está de acuerdo. El aire en estos kilómetros da de lo lindo. Sobre todo cuando miramos hacia el oeste. Buscamos Los Eucaliptos, o donde estaban. Bajamos la cuesta del buche y Joaquín hace la primera tanda de fotografías en la bajada.
Hace unas semanas Emilio propuso el subir al Bucle de Avería por este camino. Fue un acierto. Una vez que giras tras hacer un kilómetro de carretera te metes por un terreno espectacular. Pasamos por la casa de La Lapa. Hoy estaba el dueño, Chamorro, que nos miró mudo y asombrado cuando le saludamos al pasar.
Emprendemos la subida. Esta subida no es una subida con una gran pendiente; pero es una subida preciosa. El camino entre pinos se eleva buscando El Bucle. No lo hacemos a un ritmo excesivamente fuerte. Merece la pena saborear cada pedalada, cada piedra que sorteamos, cada fila de procesionarias que atraviesa el camino.
Como ya hicimos hace un par de semanas en lugar de ir en dirección del helipuerto seguimos el camino que lleva hasta La Cabra. Tomamos una variante, pero con el aire ahora empujándonos, casi ni damos pedales y llegamos rápidamente. En la caseta Joaquín nos hace más fotografías de grupo. Chulas, con las pistolas cargadas en nuestras manos.
Tras un avituallamiento rápido, emprendemos la bajada. Descartamos el pedregal. Así que vamos en dirección del Tubolifting, otra ruta abierta por el gran Javi Averías. La noche se nos echa encima con rapidez. Para más Inri un mascado en la rueda de Fernando, nos obliga a parar. Arreglamos el pinchazo con rapidez y seguimos.
La bajada por la Serrezuela la hacemos ya con las luces puestas. No todos llevamos focos ni falta que hace. Zizagueamos por las veredas con dificultad. Ya es de noche cerrada y a pesar de llevar buenas luces es difícil esquivar baches, piedras, charcos y demás obstáculos. No puedes dejar de disfrutar de la situación:
Pensándolo, somos un grupo de adultos, montados en bici, campo a través, de noche cerrada. Alguien podría pensar que estamos un poco locos. Y quizás sí, estamos un poco locos porque disfrutamos a pesar de todo. Si escuchas con atención, el silencio del campo crece a nuestro alrededor: Balidos de los rebaños de ovejas muy cerca, ladridos de los perros el canto de pájaros desconocidos para nosotros. Seguro que Juanvi nos ilustraría en esta situación Se te pone la piel de gallina de la emoción.
Al llegar a la Reja y al camino de Don Lorenzo como siempre se encabrona el ritmo. Estos diez kilómetros podría pensarse que se hacen aburridos, pero nada más lejos de la realidad. Volamos sobre ellos con la respiración agitada y el dolor de las piernas rogando que bajemos el ritmo.
Al llegar a la salida de Las Cruces el cuentakilómetros nos dice que nos pasamos un poco para una tarde corta. 55 kilómetros que han sabido a gloria. Me quedo con la última frase de Emilio cuando contábamos lo bien que había estado la tarde.
"Cuanto mejor me lo paso estas tardes, peor se lo pasa mi mujer".
Además grabó la ruta para que le echéis un vistazo. Merece la pena.
A continuación los créditos.
La mayoría de las fotografías fueron realizadas por Joaquín Viera. He tenido el atrevimiento de apropiarme de ellas.
La ruta fue grabada por Emilio.














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