En un principio pensé:
-Pepe, esta vez pasa de sacar la crónica. Total ya pasó demasiado tiempo.
Pero en el otro lado de la balanza pongo y pienso que, si describo las rutas, no es por vosotros; es por mí. Y yo sí quiero leer esta crónica. Al cabo de unas semanas, cuando las releo me parecen extrañas, como si esos personajes de los que se habla, fueran gentes de otras ciudades a los que nunca conocí.
Después de esta disculpa-explicacion voy al grano.
La búsqueda de objetivos cada vez mas exigentes es una constante en el deportista. Un mtbiker que salga y haga siempre los mismos kilómetros, el mismo recorrido y el mismo tiempo de forma rutinaria, está condenado a abandonar la practica del deporte por falta de motivacion y objetivos. A los protagonistas de la historia de hoy, podemos reprocharles muchos defectos: algunos sufren de soberbia deportiva cuando creen que son mejores y mas rápidos que el resto, a otros se les reprocha la falta de compañerismo, creo, que provocado por un exceso de competitividad, y por fin otros ponen demasiado interés en la reposición de líquidos con bota, a veces o botellón, las más. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Lo que no podemos acusar a este grupo es de desidia y falta de interés en la práctica del mtb, mas bien pasión desde el primer kilómetro hasta la última pedalada.
Hoy nos marcaron y nos fijamos un desafío verdaderamente duro. Si la propuesta hubiera sido la de paseo suave, si esa hubiese sido la propuesta, posiblemente nos hubieramos quedado en casa descansando. Hoy salimos de fiesta, porque eso es lo que fue el día. Una fiesta de la bicicleta de montaña en la que convivimos en una buena ruta con buenas gentes de toda la región.
La jornada la empezamos en Don Benito a las 7:45 montando las bicis en el coche de Eugenio. Eugenio viene superequipado con un enganche de los llamados de bola. Es una auténtica maravilla: rápido y cómodo de montar y desmontar.
Cuando llegamos al campo de fútbol de Quintana, la mayoría de los Ruteros ya se encuentran allí. Tras recoger el dorsal, preparamos con rapidez todo el equipo. Un poco nerviosos e impacientes nos hacemos las fotos de grupo mientras saludamos a todos los conocidos de otros clubes.
Ya conozco por la ruta del año pasado el protocolo de salida. El primero de los kilómetros es neutralizado. No es hasta llegar a la salida del pueblo cuando se da oficialmente las últimas instrucciones y el pistoletazo.
Los primeros kilómetros, los hacemos con mucho cuidado. Vamos muy juntos, la participación ha sido muy alta y hay verdadero peligro en las bajadas y subidas . Empezamos las dificultades rápidamente al meternos por trialeras estrechas donde al llegar los grupos se forma tapón y tenemos que pararnos en un par de ocasiones.
Como no podemos ir demasiado deprisa, nos centramos en disfrutar el paisaje por el que vamos camuflados. La concentración en las bajadas y el esfuerzo subiendo, no impiden que vayamos mirando a nuestro alrededor y que hablemos con el resto de los ruteros, comentando el recorrido, que por cierto, es completamente nuevo para la mayoría de nosotros. Es un parte de la sierra de acceso difícil, no podemos mirar demasiado; bastante tenemos con la dificultad del recorrido y con evitar en las bajadas la jara estrecha que nos abraza y amenaza con sujetar los cuernos del manillar.
Saludamos a los fotógrafos de la organización que nos cogen por sorpresa en la trialera. Espero con espectación la fotografía y la cara de bobo que puse al encontrarlos.
-¿Que hay de nuevo viejo?
Ciertamente salen unas fotos chulísimas. Mis felicitaciones. Una muestra de su trabajo:
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Uno de los ruteros mas destacados en esta zona, bueno, en esta y en el resto, es el rutero José Chencho. Tan pronto le ves parado grabando con su cámara el paso de los ruteros, como al segundo siguiente le ves adelantando como una exhalación. Buena paliza que se dio. A los que nos gusta hacer fotografías, sabemos de la dificultad añadida de hacerlas en una ruta como esta. El significado de perder el contacto y la rueda de tus compañeros y el esfuerzo extra que deberás hacer para llegar hasta ellos.
Después de hacer esta parte nueva de la sierra tenemos el primer avituallamiento. Para llegar hasta él tenemos que sufrir una larga y penosa subida. Aquí nos agrupamos, reponemos líquidos con isotónicas y energía con barritas, comentamos los kilómetros y el recorrido que llevamos encima y como no, fotografías para inmortalizar el momento.
Giramos a la derecha ya por camino llano en dirección de Quintana de la Serena. Esta parte es casi una carretera, muy buen camino y totalmente llano, repasado con la trailla hace poquito. Nos da tiempo a descansar en esta parte. Vamos rodando suavemente a ritmo de casi 30. Suavemente.
En la parte empinada y dura, por esta misma dureza no se descansa. Y en tramos como este la dureza la ponemos con el ritmo. La tregua dura lo que tardamos en llegar frente a la peña del ahorcado, donde giramos a la izquierda.
Por el perfil del track de la ruta temíamos esta parte. Habíamos visto un diente afilado que sube y baja de forma espectacular en muy pocos kilómetros. La realidad, no decepciona. Empieza la cuesta no con excesiva dureza. Saludamos a unos parroquianos que tomando el sol nos miran con curiosidad desde el jardín de una casa de campo antigua y vieja. A medida que avanzamos nos encontramos las cuentas de este rosario que es el pelotón de la ruta, desmembrado, resoplando y que ha echado pie a tierra, subiendo con dificultad. Cambiamos el chip, dejamos el mapa de subida competitiva, y tomamos el de subida conservadora con el objetivo de no tocar tierra. Siempre que completo una subida de este tipo, al llegar arriba me entran ganas de gritar como CR7 y decir UHHHHHHH, pero si me parece ridículo en Cristiano y engreído, ¿En mi? el sentido del ridículo y la bajada peligrosa me hacen sensato. Al terminar la bajada me encuentro a los ruteros que van delante. Es un punto de reencuentro, de esperar a los que han subido más lentamente. Es una buena filosofía en ruta el no dejar a nadie sólo. El apoyar al compañero que se queda ese día más rezagado. Una de mis argumentos constantes en todas las crónicas es que nadie debe sentirse mal por sufrir una pájara en una determinada ruta. Todos en uno u otro momento la sufrimos. En esos momentos es bueno que alguien te apoye, te marque el camino cortado el viento, tirando de ti.
No obstante, si habéis leído con atención el principio de esta ruta hablo sobre la necesidad que tenemos de probarnos en determinado momentos y en determinadas rutas. No se trata de abandonar a nadie. Pero si todos los compañeros están atendidos, si hay apoyo para las posibles averías. ¿Hay algún problema para que el rutero que quiera tirar fuerte lo pueda hacer? Sinceramente creo que no. De hecho en nuestras rutas diarias, es lo que hacemos; en determinados tramos, tiramos como locos, nos probamos y probamos a los compañeros. Hacemos unos kilómetros al final de los cuales, nos agrupamos. Otra cosa sería que abandonaramos a un solo rutero, dejándole desamparado y sin apoyo ante posibles averías o caídas.
Volviendo a la ruta, desde este punto ya vemos el objetivo de La Cabra. Parece cercano, pero aún tenemos mucho camino que recorrer antes de llegar a su mirador.
Camino de la Cabra rodamos por un terreno muy muy familiar. En la preparación de la ruta corta de Los Ruteros, pasamos dos veces por semana por aquí en un sentido u otro.
La primera incidencia, la tenemos en la maneta del cambio de Antonio Tena. El tornillo de sujeción de la maneta se cae en algún lugar del camino. Una de las herramientas imprescindibles para posibles averías son las bridas. Valen para todo. En esta ocasión sujetan la maneta con fuerza y nos permiten seguir. Seguir hasta que alcanzamos al resto, que está parado intentando reparar el pinchazo de la rueda de Mané. A veces estas cosas pasan. Pero los ruteros si de algo se sienten orgullosos es de la solidaridad en ruta. Se hace sin más, sin esperar agradecimiento. Por egoísmo personal. No hay nada que dé mas satisfacción que ayudar a los demás.
En Vista de que todos no podemos meter mano en la rueda, nos dedicamos a hacer fotos y a reírnos con los comentarios del recorrido realizado hasta ahora.
Esperando, esperando, nos alcanza el coche escoba. Resulta que vamos casi, casi los últimos. Se interesan amablemente por si nos pueden ayudar. Más abajo, José Chencho se hace una foto con el coche escoba de fondo. Esto es para enmarcar. Es muy difícil ver a los ruteros y menos a José en la parte de atrás. A no ser que como hoy alguno de los compañero necesite apoyo.

Una vez reparada la rueda emprendemos la marcha. Lo que tienen las paradas es que te pegas un palizón entre ellas. Posiblemente si cronometráramos el tiempo que hemos estado en movimiento, seguro que estariamos entre los mejores tiempos de los participantes.
No será la última parada, a los pocos kilómetros hay otra parada obligada: Sí, el Sargento Perales, que aburrido de esperar en la Cabra, ya bajaba decepcionado y se cruza con nosotros. Como vamos bien de tiempo... el grupo se para a saludar y tirar ligeramente de bota. Se explica rapidamente la situación de la ruta y seguimos. Estamos en la Curva de la Encina. En este punto comienza la subida hacia La Cabra y no queremos, ni podemos parar demasiado. Comenzamos la subida. Normalmente esta subida se hace a un ritmo medio alto. Pero hoy no es el día adecuado para ello. Prudencia se llama la señora. Los ruteros cada uno a su ritmo. Empieza a notarse el esfuerzo y los kilómetros.
Al llegar a la caseta seguimos hacia el infierno:
Una de las tardes ruteros, por si no lo sabeis, la semana tiene dos tardes ruteros oficiales establecidas y señaladas en el calendario: los martes y los jueves, bueno el caso es que subimos por aquí y seguimos en dirección al mirador como hoy. Pero en realidad hoy no tiene nada que ver con otros días. No sé que le pasa a esta cuesta que se resiste y se empina. Por mucho que intento apretar con fuerza, no consigo otra cosa que subir. No me resisto y me conformo. Al llegar al mirador lo hacemos con una sensación de victoria. De que todo lo duro de la ruta termino. En realidad esto es verdad este año. Nos comemos el bocadillo y reponemos, y como no:
| Me preguntaba, donde sería el incendio que se ve tras la Sierra. Despues me enteré que fue en Medellín en el río Ortigas. |
Emprendemos la bajada todo el grupo unido. Al llegar al cemento giramos en dirección a Quintana. Nos quedan casi 20 kms de ruta. Si pensaba que iba a ser un paseo me equivoqué. Nos señalan a la derecha en el siguiente cruce. Bajamos y enseguida giramos de nuevo a la izquierda. Todo esto no lo he dicho, a un ritmo endiablado, a tope. Nos cruzamos con tres biker que vienen en dirección contraria buscando Quintana. Mal. Quizás sea uno de los puntos flojos de la organización a estas alturas de ruta. Me refiero a la señalización, sobre todo porque la peña ya va cansada y los kilómetros de más pesan como losas. Mas tarde nos enteramos que nos desviaron porque ya era tarde y tomamos un hatajo. En realidad según vemos en el maps, no hay diferencia de kilómetros, aunque si de desnivel.
Por el camino que rodamos a toda velocidad, ya pasamos en la primera parte de la ruta, camino de la Peña del Ahorcado. Por fin llegamos a Quintana y cruzamos de forma gloriosa el arco de meta.
Es el momento de hacer una valoración de la Ruta de Quintana. Podría caer en lo fácil, en la crítica sin más. Pero creo que si hay algo que criticar hay que hacerlo desde el lado positivo. Valorando antes de nada el trabajo realizado por la organización. Hay personas que pertenecen a clubs y asociaciones y nunca quieren participar en la organización de nada. Su única "contribución" es la crítica destructiva. No quiero ser una de estas personas. Ya comenté anteriormente el tema de la señalización, que se puede y debe mejorar. Por lo demás, mis felicitaciones a la organización por su gran trabajo. Y por supuesto, hasta el año que viene.
En estos enlaces que reproduzco, tenéis todas las fotos que los compañeros de Quintana tienen puesta en su Web, también las realizadas por nuestro compañero Joaquín Viera, algunas de ellas las he tomado para la descripción de esta ruta.







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